Símbolo de la dinámica de la vida, pues todo sale del mar y todo vuelve a él: lugar de los nacimientos, de las transformaciones y de los renacimientos. Como aguas en movimiento, simboliza un estado transitorio entre los posibles y las realidades. Es a la vez imagen de la vida y de la muerte. Los antiguos griegos y romanos ofrecían al mar sacrificios de caballos y toros, símbolos también de fecundidad.
Es imagen del subconsciente, que es también fuente de corrientes que pueden ser mortales o vivificantes.
La Biblia se hace eco del simbolismo oriental de las aguas primordiales, temibles incluso para los dioses. Según las costumbres babilónicas, Tiamat, el mar, después de haber dado nacimiento a los dioses, había sido vencido y sometido por uno de ellos. A menudo, el mar es en la Biblia símbolo de la hostilidad de Dios: Ezequiel profetiza contra Tiro la subida de las aguas profundas.
Entre los místicos, el mar simboliza el mundo y el corazón humano en cuanto sede de las pasiones; para atravesar el mar es necesario un navío. |