Nietzsche, Cien Años Después

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Estudiando a Nietzsche se pueden descubrir las contradicciones del ser humano, su libertad y posibilidades, que nos recuerdan la frase de los libros herméticos: ¡Gran milagro, oh Asclepio, es el hombre!

El pensamiento fuerte, radical, provocador e inquietante de Friedrich Nietzsche ha vuelto a estar presente a lo largo de la conmemoración del centenario de su muerte en casi todos los medios. Se ha despertado de nuevo el deseo de acercarse a él, a su dolorosa y atormentada existencia, para conocer sus ideas, su manera de ver el mundo que quiso cambiar tan radicalmente, con su carácter vehemente y apasionado, a la manera de los románticos alemanes.

Estudiando detenidamente a Nietzsche se pueden descubrir todas las contradicciones del ser humano, todo el inmenso caudal de libertad y de posibilidades que desarrollar inherentes al hombre, que nos hacen recordar aquella famosa frase recogida de los Libros herméticos y que tanto gustaba a los renacentistas florentinos: ¡Gran milagro, oh Asclepio, es el hombre! Nietzsche lo expresará a su manera el mismo día que cumplía 44 años, cuando decidió contarse su vida a sí mismo en su última obra, poco antes de caer en las tinieblas de su mente desequilibrada: Ecce Homo, aquí tenéis al hombre, podéis mirarlo; pero no olvidéis que bajo su humana figura se esconde un dios...

Sólo vivió 56 años, de los cuales más de diez, los últimos de su vida, los pasó internado en un psiquiátrico, víctima de la locura. Pero desde los quince, que empieza a leer a los clásicos, a Platón, a Schopenhauer, a Cervantes, a descubrir fascinado la música de Schumann y de Wagner, a estudiar teología y filología clásica, su vida es una continua búsqueda de respuestas para las inquietudes humanas, en todos los ámbitos del conocimiento y del arte. Su juventud está marcada por un interés apasionado por el estudio, las amistades, el deseo de vivir la liberación que suponía entonces el ambiente universitario frente al puritanismo reinante. Su vida sentimental fue siempre intensa y desesperada. En una carta a su amigo Rohde, le confesaba que quería hablar al mundo con toda la franqueza de que fuera capaz. Ciencia, Arte y Filosofía –le decía– crecían tan juntos dentro de él que, en todo caso, pariría «centauros»


EL PRIMER CENTAURO

Su primera obra El nacimiento de la tragedia, publicada a los 28 años, cuando ejercía su labor como catedrático de filología en la Universidad de Basilea, provocaría el primer escándalo, pues el libro fue, precisamente, uno de esos «centauros». Los filósofos más académicos se enfrentaron a él y los filólogos clásicos, sus propios compañeros, le retiraron el saludo, animando a los alumnos a abandonar sus clases por considerarlo un profesor poco apto. ¡Decirle eso a él, que siempre se preparaba minuciosamente sus clases y cuya preocupación no era tanto, con serlo, la materia de lo que enseñaba, sino la forma de comunicar de la mejor manera sus conocimientos a sus alumnos! Por eso, uno de sus discípulos, Ludwig Kelterborn, afirmaba que, pese a la opinión de los académicos trasnochados, los alumnos le admiraban y estaban unidos a Nietzsche como a ningún otro profesor.

Nietzsche era pura dinamita, según él mismo decía, y no vamos ahora, en tan corto espacio, a hacerlo digerible en modo alguno. Sólo pretendemos recordarle hoy con admiración y con respeto y hacer ver, una vez más, que hay que leerlo a fondo, que hay que ir, como siempre, a las fuentes antes de opinar, sin dejarse arrastrar por las torpes manipulaciones de que el filósofo ha sido objeto a lo largo de estos cien años e incluso antes de que se publicaran todas sus obras.


MANIPULACIÓN

Decía Manuel Barrios en un comentario publicado recientemente en El Cultural de un conocido diario, que una de las primeras y más decisivas paradojas a las que hubo de enfrentarse el destino histórico de Nietzsche como pensador, fue la motivada por la circunstancia de que la edición póstuma de las obras de «quien había hecho de la filología su temprana vocación, del estilo una cuestión filosófica prioritaria y de la reflexión sobre el lenguaje uno de los resortes de la crítica», se viera sometida en tal grado a la falsificación textual por parte de su propia hermana Elisabeth, la única que tuvo el filósofo. Prototipo del «ángel del hogar» victoriano, la que siempre había ejercido de protectora, acompañante y fiel enfermera hasta la muerte de su hermano, cometió verdaderos estragos al hacerse cargo del legado nietzscheano. La «hermana abusiva» del filósofo, al frente del Archivo Nietzsche desde 1896, la única antisemita de la familia, hizo cuanto pudo por aproximar la figura del pensador al nacional-socialismo emergente.

Es cierto que hay en Nietzsche tanto un antisemitismo como un anticristianismo activo y violento, pero como un intento desesperado de superación de lo religioso. Lo que está bien claro es que este antisemitismo no tiene ninguna de las características ni las motivaciones que tuvo el de la terrible persecución nazi. Él rechaza categóricamente las religiones establecidas y considera todo sobrenaturalismo como opuesto a la razón, declarando abiertamente su preferencia por las religiones orientales. Se manifiesta incluso antimetafísico, concediendo prioridad únicamente a lo ético y a lo artístico, que era su verdadera religión. No cabe ninguna duda de que el fundamento inicial y permanente de su posición vital es un fundamento estético.

Recuerda Lou Andreas-Salomé, la mujer de la que Nietzsche estuvo perdidamente enamorado y que tan bien le conocía, que Friedrich era ante todo una personalidad profundamente religiosa. Su objetivo era hacer al hombre libre y feliz, dueño de su razón y de su destino y la provocación consciente e intencionada con la que se expresa es la valiosísima oferta de un pensador que sentía la fuerza de la necesidad de autoafirmarse, de auto liberarse y de comunicar sus experiencias a la humanidad. Esta exigencia le empuja a rupturas y a distanciamientos que forman parte de su difícil biografía humana e intelectual. El resultado fue su doctrina opuesta a todo, negadora de todo lo recibido, por lo menos en la forma en que lo había recibido en el seno de una familia tradicional de ambientes rígidos y estrechos, dentro de esa sociedad hipócrita y corrompida que él quería cambiar a toda costa.


LA VÍA DEL ARTE

Su pasión por la filología le hace volverse asimismo irritable contra el mismo lenguaje, que le limita y le obliga a utilizarlo sin poder expresar toda la complejidad de su pensamiento. De ahí también su interés por la música, como un lenguaje más rico e ilimitado y su admiración juvenil por Wagner, al que luego también renunciaría por considerarlo un traidor a sus ideales. Esa concepción de Arte Total que imaginaba Wagner para sus grandes montajes operísticos deslumbró al joven Friedrich, que veía expresada en ella la manifestación simbólica del superhombre que soñaba.

La expresión artística se le aparece entonces como un camino más eficaz que la palabra para conseguir la autoliberación de todo su torrente imaginativo e innovador. Era capaz de sentarse al piano e improvisar largamente haciendo fluir todo su poder creativo para expresar sus sentimientos. ¿A quién no le hubiera encantado asistir a una de esas sesiones de su época juvenil, cuando se iba a Tribschen los fines de semana y dialogaba con Cósima y Richard Wagner toda la tarde?

El Wagner de Sigfrido y La Walkiria era el favorito de Nietzsche. Pero el Wagner cristianizado de Parsifal iba en contra de ese aspecto que tanto disgustaba al filósofo y luchó contra él de manera denodada, preguntándose cómo ese Parsifal podía ser tomado en serio. Yo desprecio a todo el que no considere a Parsifal como un atentado contra la moral, afirmaba.

No obstante, en el fondo de su despiadada crítica hacia Wagner al final de su vida, subyace subliminalmente el deseo de salvar aquella amistad y admiración juvenil, de salvar al Wagner del que había sido tan fiel defensor, y se preguntaba si no sería el Parsifal una secreta sonrisa de superioridad wagneriana sobre sí mismo, un triunfo de su última y suprema libertad de artista. ¿Es quizá que Wagner quiere reírse de sí mismo? Ese hubiera sido seguramente el deseo del filósofo buscando desesperadamente una solución para salvar una amistad con el que siempre había considerado un genio.


AMOR A LA VIDA

Nietzsche hizo del amor a la vida su divisa más firme: Es verdad: nosotros amamos la vida, no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos acostumbrados a amar. Siempre hay algo de demencia en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en la demencia, le contaba a su amiga Lou. Según Remedios Ávila lo que singulariza a Nietzsche es aquello que él reconoció como el mejor antídoto y el remedio más eficaz contra el nihilismo: el amor apasionado por la vida y el humor como estrategia para conquistar y para soportar la verdad. El tomarse la vida con sentido del humor era para Nietzsche tan importante como las experiencias adquiridas a través de su enfermedad y sus dolores. La vida, como el amor, es sufrimiento pero también es placer y Nietzsche se inclina siempre por el predominio de lo dionisíaco como fuerza desbordadora de toda norma, como alegría en su sentido más puro. La verdad era para nuestro filósofo de naturaleza femenina y, como tal, había que conquistarla. ¿No es la Filosofía una lucha amorosa por conseguir la Verdad? Y ¿no sería un camino equivocado para alcanzarla el enemistarse con la vida?

En fin, sigamos leyendo y descubriendo a Nietzsche y disfrutemos de su maravillosa inteligencia y poesía para expresar todos los sentimientos y contradicciones humanas, pero no tratemos de juzgarle hasta tener en la mano la edición total de su obra y sobre todo su correspondencia, sus cartas más íntimas en las que volcaba sus verdaderos sentimientos y opiniones. Y aún así, emitir un juicio sería muy presuntuoso por nuestra parte. Se había previsto publicar su obra íntegra para el centenario de su muerte: cincuenta volúmenes en una edición para la que tanto trabajaron Giorgio Colli y Mazzino Montinari, y que, tras el fallecimiento de ambos, llevan planificando sus colaboradores desde 1993, pero aún no han salido a la luz cuando se escriben estas líneas. Esperemos ver pronto realizado este ambicioso proyecto y poder gozar con ellas del placer de la buena literatura, de un pensamiento tan sugerente e imaginativo como fue el de Friedrich Nietzsche.


Bibliografía:

Nietzsche. Lou Andreas-Salomé, Editorial Zero, S.A. Bilbao 1979

El nacimiento de la tragedia. F. Nietzsche, Alianza Editorial

Ecce Homo. F. Nietzsche, Alianza Editorial

Idea de Nietzsche. Fernando Savater, Ariel, edición Centenario

Nietzsche: estética, religión y moral. Jorge Riezu, Editorial San Esteban. Salamanca 2000.

Nietzsche, la fragmentación del sujeto. Remedios Ávila. Editorial crítica. Barcelona 1999.

El Cultural, suplemento semanal de El Mundo. Junio 2000.

María Angustias Carrillo de Albornoz


(Extraído de Revista Esfinge Digital)


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