Florentino Ameghino

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Nuestro planeta, la Tierra, tiene una historia formada por todos los acontecimientos de su vida. Así como en tamaño, por su magnitud la Tierra es inmensa para nosotros los humanos, lo son también los trozos de su historia que no se cuentan en años sino en millones de ellos.


Estas etapas de la historia geológica han ido dejando huellas en la superficie donde podemos encontrar desde los grandes pliegues que forman las cordilleras hasta las amplias fosas de los mares, en ella hay huellas del agua, de los vientos y de los diferentes movimientos que causan sus fuerzas internas, todo este conglomerado de actividades que generalmente no alcanzamos a comprender en conjunto forma el escenario en el cual los diferentes seres vivos que habitamos en la Tierra nos desenvolvemos.


Pero también todos los cuerpos de minerales, vegetales, animales y humanos están hechos de tierra, sus formas se han ido modificando a lo largo del tiempo, dejando en sus restos las muestras de este proceso evolutivo esta dinámica son las huellas que la Tierra guarda, ya en el siglo XII en filósofo chino Chu Hsu decía:


sobre altas montañas he visto conchas. A veces están metidas en las rocas. Las rocas debieron ser materia terrosa en los tiempos antiguos y las conchas debieron vivir en el agua. Estos lugares bajos, actualmente se han elevado y la materia blanda se ha convertido en piedra dura. citado por M.J. Borrero


El estudio de estas huellas va a ser la gran pasión del científico argentino Florentino Ameghino.


Hay versiones que dicen de un certificado de nacimiento en Moneglia, provincia de Génova, pero él declara que nació en el pueblo de Luján de la provincia de Buenos Aires, lugar de peregrinación mariana, a unos 70 kilómetros de la Capital Federal, el 18 de Septiembre de 1854. Sus padres eran genoveses, Antonio Ameghino y María Dina Armanino.


Realizó sus estudios primarios en su ciudad natal entre los 1860 y 1867, allí tuvo como preceptor a don Carlos D'Aste que le llevaría en 1867 a Buenos Aires a la Escuela Normal. Desde 1867 a 1869 fue estudiante en la primera Escuela Normal de Buenos Aires, en esa época estudia a Burmeister y Lyell encontrando allí su vocación.


En ese último año obtuvo un puesto de maestro de escuela en el colegio Municipal de Mercedes, que había sido declarada ciudad en 1865 y que luego iba a ser conocida como la Perla del Oeste. En 1877 pasó a la dirección de ese establecimiento.


Fue, durante su residencia en Mercedes, que en sus propias palabras: "emprendió el estudio de los terrenos de la Pampa haciendo numerosas colecciones de fósiles, e investigaciones geológicas y paleontológicas que demostraron la existencia del hombre fósil en la Argentina".


El historiador de la ciencia José Babini dice: " En 1875 hace conocer sus primeras especies nuevas, mientras que ese año y el siguiente se presenta en los concursos-exposición organizados por la Sociedad Científica con "siete cajas de fósiles" y una memoria sobre el cuaternario, respectivamente. Pero la preocupación de los hombres de la Sociedad Científica de entonces era el progreso material del país y el aprovechamiento de sus materias primas; y no fósiles o discusiones sobre el cuaternario. El hecho es que sus fósiles merecieron la última de las catorce menciones honoríficas (las medallas de oro se reservaron a un constructor de una máquina de vapor y a un fabricante de mármoles artificiales); y la memoria no fue aceptada".


Con 23 años, a comienzos de 1878, se trasladó a Europa, en Paris siguió los cursos regulares de la Escuela de Antropología y del Museo, allí se relacionó con notables personalidades científicas, como Owen, Cope, Gaudry, Paul y Henri Gervais, con quién recorrió los yacimientos de Chelles y ambos publicaron varias notas sobre los mismos, además de " Les Mammifères fossiles de l'Amerique du Sud" (1880), con doble texto, español y francés, y la descripción de más de 300 especies, 70 de ellas nuevas.


Regresó a Buenos Aires a fines de 1881 casado con la dama francesa, Leontina Poirier, como ya había agotado su presupuesto abrió una pequeña librería de un sugestivo nombre, la librería del Glyptodón, que le permitía vivir. Sobre, en ese entonces joven científico, Domingo Faustino Sarmiento va a escribir: "Un paisano de Mercedes, Florentino Ameghino, que nadie conoce y es el único sabio argentino, según el sentido especial dado a la clasificación, que reconoce la Europa"


En esta época escribe su gran obra Filogenia, en el prólogo Ameghino explica el sentido de ella:


"A medida que enriquecía mi colección de fósiles de mamíferos pampeanos y me familiarizaba con las numerosas formas que presentan, columbraba entre ellas, las que precedieron y las sucedieron, lazos de parentesco, que se manifiestan a mi vista, en series graduadas de modificaciones que parecían obedecer a un plan preconcebido a un primer impulso que les imprimiera dirección. Esta ley evolutiva presentábaseme tan constante en sus efectos y resultados, que entreví la posibilidad de restaurar una fauna perdida conociendo tan solo un corto número de sus representantes".


Es una obra inmensa para un joven que aún no llegaba a los 30 años y que nos muestra además de la precocidad de la que siempre hizo gala, la osadía de su actividad científica, en el mismo prólogo él lo explica en estas palabras:


"No tengo la autoridad de un Cuvier para imponer mis convicciones, y tampoco tengo la celebridad bien merecida de un Owen o de un Darwin, para temer que un fracaso real o aparente de mi trabajo pueda menoscabar mi reputación científica, hasta ahora nula. Represento un punto de la inmensa planicie en que descollaban esos picos elevados del saber humano y me he elevado gradualmente con el nivel general de la llanura. No es para esos picos descollantes para quienes escribo: me dirijo a la llanura; y si los primeros pueden fulminar sobre mi sus anatemas, de la segunda nada tengo que temer, de ella he salido y a ella volveré".


Más adelante en el mismo prólogo indica el propósito al que va a dedicar su vida:


"Otra consideración más determina mi atrevimiento. No diré que estoy en buen camino, porque la falibilidad es atributo humano; pero creo estarlo; y como aun soy bastante joven, supongo que si las leyes de la naturaleza se cumplen, aun me quedan bastantes años para sostener bien alto el estandarte de las ideas que me hago apóstol y para hacerlas triunfar si son verdaderas".


Por esta obra en 1884, será nombrado profesor de zoología de la Universidad de Córdoba, se traslada a esa ciudad y aprovechará de estudiar la geología y paleontología de la zona.


En 1886 es nombrado Subdirector del Museo de la Plata encargándose de la sección de paleontología y contribuyendo con sus colecciones al Museo pero por discrepancias con su Director renuncia en enero de 1888.


Se queda en La Plata y continúa con su trabajo científico, en sus propias palabras "En 1889 envió una expedición a Patagonia, a cargo de su hermano Carlos, con el objeto de explorar el territorio y reunir colecciones científicas para sus estudios, costeándola de su peculio durante quince años".


El gasto de esta expedición le lleva a abrir, en 1891 otra Librería, esta vez en La Plata y con el nombre Rivadavia que el mismo va a atender hasta abril de 1902 cuando es nombrado Director del Museo Nacional de Buenos Aires, cargo que detenta hasta su muerte en 1911.


Las obras científicas de Ameghino son numerosas, suman unas 20.000 páginas. "Por un lado está la labor descriptiva del geólogo y sobre todo del paleontólogo, de valor perenne e indestructible. Casi el ochenta por ciento de las especies de mamíferos fósiles descriptas en la obra de 1884 son descubrimientos suyos. Con la labor de los dos Ameghino y la de Hermann von Ihering, fundador y director del Museo paulista, con el que estuvo vinculado Ameghino y a quien confió el estudio de los invertebrados fósiles de sus ricas colecciones, la paleontología argentina realizó progresos extraordinarios v fundamentales". José Babini. "Historia de la Ciencia en la Argentina".


Pero no solo fue un geólogo y paleontólogo incansable en la búsqueda de las huellas que la tierra ha guardado en forma de fósiles, sino también y a partir de ellas, elaboró valientes y novedosas teorías: ".la tesis que Ameghino sustentó y por cuyo establecimiento luchó toda su vida, consiste en suponer un origen americano para el hombre y que el sabio argentino, o algún territorio próximo a él, fue la cuna de nuestra especie, de manera que las migraciones humanas que poblaron los demás continentes arrancaron de ese suelo pasando a través de puentes hoy inexistentes". José Babini


En tiempos más recientes se ha comprobado varios errores en las teorías de Ameghino que ciertos estratos no eran tan antiguos como él pensó o que el grado de parentesco que pensaba existía entre la fauna sudamericana y la de otros continentes no es tal. Sin embargo esto no resta mérito al tremendo impulso de investigación y búsqueda de la verdad que Florentino Ameghino desarrolló en toda su vida, que supo vencer dificultades y obstáculos, por eso sigue siendo un paradigma científico.


"Fue un sabio auténtico. Por el valor de sus investigaciones científicas, por su fe en una teoría revolucionaria para su época (la de la evolución) que previó duradera y fecunda, por la audacia y el vuelo de sus doctrinas, y por su adhesión vital, en cuerpo y alma, a la ciencia. Fue el prototipo del sabio dedicado exclusivamente a los estudios y preocupaciones científicas, y víctima por eso de las aparentes contradicciones que esa adhesión significa". José Babini


"La obra científica de este hombre, extraordinario naturalista, investigador, pensador y filósofo, se halla distribuida en cerca de doscientos trabajos impresos, que a manera de lenta, pero colosal marea, fue invadiendo el mundo científico durante treinta y ocho años de labor constante, sin desfallecimientos ni interrupciones, a pesar de todos los contrastes y todas las vicisitudes, propios e ineludibles en tan larga vida de lucha incesante para derribar obstáculos y demoler prejuicios acumulados en el mundo científico por el imperfecto conocimiento de los hechos o la observación ligera de las cosas" . Extracto del discurso pronunciado por Juan Ambrosetti con motivo del fallecimiento de Florentino Amheghino en La Plata el 7 de Agosto de 1911.


En tiempos de crónica roja y prensa amarilla, es necesario recordar aquellos personajes que hicieron de su vida una dedicación a causas que los trascienden, ellos son los que han dejado los cimientos en los que hoy nos apoyamos.


En la visión amplia que abarcó diversos ámbitos, en el tesón del estudioso autodidacta, en el valor de exponer sus conclusiones aunque no fueran populares, encontramos en Florentino Ameghino, un ejemplo para las nuevas generaciones que busquen escudriñar en los misterios de la Naturaleza y sus Leyes


 


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