Su símbolo por excelencia es el Sol, pero hay otros aspectos que confieren al león una gran riqueza simbólica que refleja su poder vital
Los mitos son grandes verdades psicológicas preñadas de símbolos con múltiples claves y significados atemporales.
En palabras de Fernando Schwarz, el mito nos permite comprender realidades inabordables que a nivel de experiencia de nuestro espíritu permanecerían siempre cerradas. Esta búsqueda nos augura un apasionante aventura intentando reconstruir este puzzle que es el origen del Cosmos y del hombre.
Fábulas, leyendas y representaciones alegóricas
Si bien el águila es el rey de los animales aéreos, el león ostenta este cargo entre las bestias terrestres. Ambos son símbolos solares y de realeza.
En el caso del León, es la encarnación de la fortaleza e inteligencia, y un elemento ígneo. Guarda esta relación con el astro rey debido a sus rasgos simbólicos de poderío y soberanía. La base de esta naturaleza la constituye su fuerza como animal, su color pardo dorado y su larga melena a modo de rayos solares.
En todas las culturas que nos han precedido los animales jugaron un importante papel como representaciones simbólicas, debido a sus características y formas.
Nos serviremos del estudio detallado que hizo de las fábulas Samuel N. Kramer.
El león es un animal muy representativo. Según estudios de clasificación de Gordon, está en séptimo lugar en cuanto al número de apariciones en estos cuentos.
Según las tablillas sumerias, el hombre tuvo que iniciarse en las costumbres del león para poder defenderse y vencerlo. En la selva el león no devora al hombre que le conoce.
En Occidente, en los cuentos populares bretones, vemos al león como guardián de un castillo misterioso o de un umbral de difícil acceso. Como guardianes de la puerta, los leones se representan estilizados y protegen la entrada del recinto sagrado. El de la derecha, como elemento masculino, tiene bajo su garra una bola que simboliza el mundo, y el de la izquierda es una leona que tiene un cachorro. En el edificio de las Cortes Españolas hay dos leones en su entrada principal y en numerosos templos de la India y Japón los leones son moradores del umbral, a fin de causar temor y respeto, e impedir la entrada al templo de espíritus malignos.
Como efigie, en el escudo de caballeros, encontramos en la saga artúrica al Caballero del León, sir Lanzarote del Lago, que es la mano derecha del rey y posiblemente sea el único testimonio que se tiene de la presencia de este animal en el mundo simbólico de los celtas. En el siglo XII, al rey de Inglaterra, Ricardo I, se le conoció con el epíteto de Corazón de León, debido a su fama de temible y fiero.
Completan este capítulo las representaciones alegóricas del león con la madre de los dioses. El león como signatura masculina aparece complementando, por ejemplo, a la diosa anatolia Cibeles, que por lo general es representada con un carro tirado por leones. También la diosa babilónica Inanna-Ishtar, hija de Anu, suele estar representada sobre uno de estos animales, y es hermana de Vil-Kan, que es el dios del fuego babilónico, de los metales y de las armas.
Sobre este vínculo del león-fuego (aspecto solar) cita Helena Blavatsky en el Glosario Teosófico que existen unos leones de fuego: "Estos nombres se han aplicado a los elevados seres que constituyen la primera de las jerarquías creadoras, por razón de ser la vida y el corazón del universo".
El León de Nemea y el de Sansón
En la antigüedad no era raro que los dioses y héroes de la época mítica se representaran como vencedores de un león, para simbolizar la victoria del espíritu humano sobre la naturaleza animal.
El hijo de Zeus, Herakles, tuvo que superar esta prueba en uno de sus doce trabajos: el león de Nemea era el obstáculo para continuar su camino ascendente de ser humano a héroe.
Para llegar a ser virtuoso, uno ha de apaciguar y matar el más fuerte de los monstruos, en este caso la soberbia y furor de ánimo que simboliza el león de Nemea. En las fábulas de Summer, el león se apacienta en el bosque y se refugia en la selva. En este caso, en una cueva que tiene dos entradas y que representa la muerte ritual del héroe, para convertirse después en inmortal. Así ocurre con Herakles, al protegerse con la piel del león vencido de Nemea.
Robert Graves, en su libro Los mitos griegos, afirma simbólicamente que el león desciende de Selene (la diosa Luna), que lo parió con un estremecimiento espantoso y lo dejó caer en la tierra sobre el monte Treto, cerca de Nemea, junto a una cueva de dos bocas. En otras versiones se afirma que por deseo de Hera, Selene creó al león con la espuma del mar.
El mítico Sansón también lucha y vence a un león, al que descuartiza con sus manos. Luego encuentra el cadáver ocupado por un enjambre de abejas haciendo miel. Este mito le sirve para plantear un acertijo a los filisteos: Del que come salió comida y del fuerte salió dulzura. Éstos tuvieron que recurrir a una mujer para que les revelara la respuesta al enigma: ¿qué hay más dulce que la miel, qué hay más fuerte que el león?
El león como símbolo individual supone fortaleza, fogosidad y es también uno de los obstáculos para el camino del héroe que tiene que armonizar ese furor de ánimo que es en definitiva la personalidad.
El León de la Biblia
La simbología del león es bivalente en la Biblia:
No llores, mira, ha triunfado el león de la tribu de Judá, el retoño de David (Apocalipsis 5,5).
Él rugirá como león; rugirá y los hijos vendrán temblando desde occidente (Oseas, 11,10).
Tanto en el Nuevo como en el Viejo Testamento, el león es una metáfora de la Divinidad, pero también del mal.
Porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar (San Pedro: I. Epístola 5,8).
Salvadme de las fauces del león (Salmos 21,22).
El orgullo del poder terreno y la soberbia son símbolos del Mal reflejados en el león.
Pero es también un emblema del Verbo divino, ya que su rugido, como la palabra de Dios, tiene el poder de extenderse hasta los espacios más lejanos. Sus rasgos son de nobleza, piedad y misericordia; tiene la sabiduría del cazador, tanto para cazar como para no ser cazado, y es también la vigilancia, que duerme con los ojos abiertos, que devora, que hace desaparecer, y al mismo tiempo, como símbolo del animal que confiere a su víctima devorada algo de su propio poder vital, realiza en ella una verdadera transformación por el paso a través de la muerte.
El León en la Esfinge
El león también representa un paso o estado evolutivo del ser humano, junto con otros símbolos, en este caso el toro, el águila y el hombre.
Nos referimos en este caso al mito egipcio de la esfinge de Gizeh, todavía hoy indescifrable.
Este mito tiene muy profundos y esotéricos significados. En su libro Ankor, el discípulo Jorge Ángel Livraga, por boca de uno de sus personajes, afirma: la Esfinge tiene significados internos muy importantes y, como símbolo, es tal vez el más completo de todos. Su sentido general es el siguiente:
En su clave física, formal, señala claramente la evolución de las formas que, en nuestro presente período, culminan y cristalizan en la humana; de ahí que la parte humana esté colocada en lugar preferente, modelando la cabeza, el sitio más hermoso y elevado. También nos dice de la unidad de toda la Naturaleza y de las distintas apariencias de la Vida-Una.
En su clave psicológica demuestra cómo una fuerza única, sutil, interpenetra todo el cuerpo de la Naturaleza y traspasa el conjunto de los reinos horizontales, para alzarse gloriosa en la vertical poderosa de las alas, místicamente emplumadas, que son una esperanza y un recuerdo del cielo.
Y en su interpretación cosmológica, ese multiforme ser es la Madre Cósmica, la enigmática Esposa de la luz.
Ella es también imagen de los cuatro elementos, y las ruedas aladas, que al ser heridas vierten su sangre y lavan a los hombres, son sus eternos guardianes.
Es un símbolo tan viejo como el hombre y se encuentra en las reliquias más antiguas y en todos los tratados y templos de antiguas culturas.
En una de sus claves simboliza un momento en el devenir de la naturaleza de los ciclos, en la evolución humana: el advenimiento del fuego.
La Esfinge en su versión egipcia, hoy incompleta y olvidada, está compuesta de diferentes partes que provienen de diferentes animales: Cuerpo de toro, garras de león, alas de águila y cabeza antropomorfa.
Según viejas tradiciones, este horrible monstruo tomó vida y fue destruyendo y devorando todo lo que encontraba a su paso. Predominaban en él sus instintos animales, sus bajas pasiones y la lucha por la supervivencia, hasta que fue animado por la sabiduría del dios Thot.
En la profecía de Ezequiel hay semejanza con estos cuatro animales: Y cada uno tenía cuatro caras: la una cara de querubín y la segunda cara, cara de hombre, y en el tercero cara de león y en el cuarto cara de águila...
En medio de estos cuatro seres se veían como carbones de fuego ardientes a modo de antorchas que se movían entre ellos. El fuego resplandecía y desprendía fulgores. Los seres iban y venían como el rayo. Y apareció en el suelo una rueda al lado de cada uno de los seres. El aspecto de las ruedas era como brillante crisólito...
Las cuatro tenían la misma forma...
Podían rodar en las cuatro direcciones...
Este cuádruple aspecto está también representado en los querubines de oro, colocados a uno y otro extremo del Arca de la Alianza; y en las tradiciones persas, que muestran algunas figuras de Mithra con cuerpo de hombre, cabeza de león, dos o cuatro alas y una serpiente enroscada. Este Dios es de carácter solar, como lo demuestra el hecho de tener cabeza de león.
Para terminar con este capítulo citamos a Helena Blavatsky: Hasta hoy, dichos animales se han representado junto con los cuatro evangelistas. Así, el águila (asociada a San Juan) representa el éter o Espíritu cósmico, e omnipresente ojo del vidente; el toro de San Lucas simboliza las aguas de la vida, el elemento que todo lo engendra y la fuerza cósmica; el león de San Marcos, la energía impetuosa, el intrépido valor y el fuego cósmico; mientras que la cabeza humana o el ángel, que está junto a San Mateo, es la síntesis de los tres, combinados en el intelecto superior del hombre y en la espiritualidad cósmica. Todos estos símbolos son egipcios, caldeos e indos.
Dioses con forma de León
La consorte de Shiva, Durga, en algunas de sus representaciones aparece montada sobre un león y ataviada con ropajes rojos. Sus principales formas son:
Singhavahini, que monta un león y tiene cuatro brazos. En una mano empuña una espada, en otra una lanza y las otras dos están en actitud de animar a sus devotos.
Jagadohatri (creadora del mundo) viste con ropajes rojos y está sentada sobre un león. La diferencia entre estas dos diosas está en las armas con que aparecen. En el caso de Jagadohatri, en sus cuatro manos lleva respectivamente una concha, un disco, un cuenco y un arma.
En Egipto encontramos incluso que hay una ciudad dedicada a los leones, Leontópolis, en el delta de Egipto. Allí se les construyeron templos y terrenos para desenvolverse. Algunos templos tienen sus ventanas orientadas hacia oriente y otros hacia occidente. El león en Egipto también es de naturaleza ígnea, pues es la morada del Sol. Y cuando éste está en su mayor grado de calor y en el ápice del verano, dicen que se aproxima el león.
En esta ciudad se venera a la diosa Tefnut y a su hermano gemelo Shu. Ella, en uno de sus aspectos, personifica el poder de la luz solar. Aparece como figura femenina, normalmente con cabeza de leona, y sobre ella un disco, o un oreus, o ambos; en otras figuras ambos tienen cabeza de león. Shu frecuentemente está acompañado por los cuatro pilares del cielo, es decir, los cuatro puntos cardinales.
Hay otra ciudad egipcia donde se rendía culto a dioses con formas leoninas: Memphis, situada en el Bajo Egipto.
Ptah es el creador egipcio, y es un dios solar. Sekhmet es la consorte de Ptah y madre de Nefer-Tmu. Usualmente, tiene la cabeza de una leona, con el disco del sol redondo. Nefer-Tmu, en algunas representaciones, a veces tiene también cabeza de león, y en otras está de pie sobre el lomo de un león.
Tanto Sekhmet como Nefe-Tmu personifican en algunos de sus aspectos el calor del Sol.
Como vemos, el nexo león-sol se manifiesta en múltiples aspectos y en diferentes culturas, aunque no tengan una relación geográfica o cultural.
Como decíamos al principio, no debemos olvidar que la mitología nos ofrece claves para acercarnos a algunos enigmas culturales.
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