El cuerpo sólo, sin comunión con lo espiritual, es una cáscara vacía, un corcho sobre las olas, pero cuando hay unión, la vida es una alegría, una aventura de interés absorbente, un viaje lleno de felicidad, salud y conocimiento. Dr. Edward Bach
Hijo menor de una familia de origen galés, Edward Bach nació en Monseley, un pueblecito de Inglaterra, en 1886.
Bach observó que generalmente la medicina de su tiempo no hacía más que tratar los síntomas de las enfermedades, sin aliviar el verdadero sufrimiento del paciente. El tratamiento era muchas veces tan agresivo o más que la propia enfermedad. La toma de conciencia de esta realidad lo llevó a abandonar el negocio paterno y a ingresar a los veinte años en la Facultad de Medicina. En 1914, en Cambridge, obtuvo su diploma en salud pública.
Bach busca nuevos caminos interesándose por la inmunología. Se hace bacteriólogo, pensando que encontraría en esta especialidad la respuesta a sus inquietudes. En sus trabajos de investigación llegó a descubrir que ciertos gérmenes intestinales, que se encontraban en todas las personas, se hallaban en mayor cantidad en los casos de enfermedad crónica. Este hallazgo le llevó a preparar una vacuna sobre la base de dichos gérmenes. Su aplicación tuvo gran éxito, pues la enfermedad crónica desaparecía.
En 1917 le diagnosticaron una enfermedad incurable; al parecer le quedaban sólo unos meses de vida. Obsesionado con la idea de que tenia que terminar sus investigaciones se recluyó en su laboratorio día y noche. Las semanas pasan y ante el asombro de sus colegas médicos la recuperación de su salud es total.
Acepta un puesto de bacteriólogo en el Hospital Homeopático de Londres. Ahí es donde conecta con la obra del fundador de la Homeopatía, Hahnemann, que sostenía: “la verdadera curación estriba en curar al paciente y no a la enfermedad. Hay que guiarse por los síntomas mentales del paciente para indicar el medicamento y no sólo por su dolencia física”. Esto viene a confirmar las conclusiones a las que él había llegado. Bach se dio cuenta de que un mismo tratamiento no siempre curaba la misma enfermedad, que remedios que curaban a un paciente no actuaban en otros. Sin embargo, pacientes similares en temperamento respondían al mismo remedio. Llegó a la conclusión de que la personalidad del individuo tenía más importancia que el cuerpo en el tratamiento de la enfermedad. La visión que el paciente tenía de la vida, cómo pensaba y cómo sentía eran elementos de suma importancia.
A los cuarenta y tres años, en pleno éxito profesional y con una brillante carrera de investigador por delante, ante el asombro de sus colegas, Edward Bach toma una decisión drástica. Convencido de que la medicina convencional no era su camino y de que debía buscar remedios no agresivos, clausura su consultorio privado, cierra su laboratorio y se marcha a Gales, donde descubrirá, a lo largo de cuatro años, los remedios florales que formarán parte de su nueva Medicina.
Desarrolló tal sensibilidad que podía captar las vibraciones energéticas de cada flor colocándola en sus manos o en su boca. De esta forma percibía sus propiedades curativas.
Llegó a la conclusión de que el proceso de extracción de su poder curativo debía ser tan simple y suave como lo era la forma en que las abejas extraían la miel. Experimentando con las flores al sol y a la sombra, se percató de que la luz era esencial; las flores de lugares sombríos tenían menos poder curativo que las que crecían en lugares soleados. De todas sus observaciones y experimentaciones, dedujo el método para preparar los remedios florales que se usan hoy; se cortan los capullos de la flor elegida, que debe ser silvestre, seleccionando las de floración más perfecta. Se colocan en un recipiente de vidrio delgado, lleno de agua recogida de un arroyo o manantial cercano, y se dejan en el campo, en el mismo lugar donde se han cortado, expuestas al sol de la mañana durante algunas horas. De esta manera el agua queda impregnada de la energía de la flor.
En este proceso intervienen de forma conjunta las propiedades benéficas de la tierra, el agua, el aire y el sol. La tierra nutre la planta, ésta se alimenta de aire, el sol le otorga su energía y el agua recoge y enriquece su poder curativo.
En estos años de investigación Bach descubre sus 38 remedios florales, los que divide en siete grupos que describen estados emocionales definidos.
Edward Bach muere en su casa de Mount Vernon, en 1936, donde desde entonces funciona el Centro Bach.
FILOSOFÍA DE SU SISTEMA CURATIVO
Toda su Filosofía está desarrollada en su libro Cúrese usted mismo, que constituye el eje alrededor del cual gira su terapia.
Edward Bach afirma que la enfermedad no es material en su origen, sino que es el producto final de fuerzas profundas. Aunque el tratamiento aplicado aparentemente sea eficaz, es un mero alivio temporal si no se suprime la verdadera causa.
Bajo este punto de vista, la enfermedad es en esencia el resultado de un conflicto entre el alma y la mente. Bach considera que el hombre está integrado por dos partes. Una espiritual, inmortal, que denomina Yo superior, y otra material, mortal, configurada por el cuerpo, las emociones y la mente.
La enfermedad es como un aviso, nos muestra algo de nosotros que no vemos o que nos resistimos a ver.
Según Edward Bach, para entender la naturaleza de la enfermedad hay que conocer ciertas verdades fundamentales:
1. El ser humano es inmortal; tiene un alma, cuyo origen es divino. El cuerpo, como templo de ese Ser divino, no es más que un diminuto reflejo.
2. Estamos en este mundo para obtener conocimiento y experiencia, que nos llevarían a desarrollar las virtudes que nos faltan.
3. Nuestro breve paso por la Tierra no es más que un momento en el curso de nuestra evolución.
4. Si el alma y el cuerpo están en buena armonía, todo es paz, alegría, felicidad y salud.
5. Todas las cosas están unidas entre sí; cualquier acción contra nosotros mismos o contra los otros afecta a la totalidad.
En este rápido recorrido a través de su vida y su obra, Edward Bach se nos aparece como un médico de auténtica vocación, sensible al sufrimiento, que trabaja incansablemente en la consecución de un método curativo que no resulte agresivo para el paciente.
Fue un hombre totalmente consecuente con sus sueños e ideales.
Para saber más:
-
Flores que curan el alma, Mechthild Schiffer y Wolf Dieter Storl. Ed. Urano
-
Cúrese usted mismo, Edward Bach. Ed. Edaf.
-
Los doce remedios, Edward Bach. Ed. Edaf.
-
Catálogo de remedios del Dr. Bach, F. J. Wheeler. Ed. Edaf
-
Curación por medio de flores, Philip M. Chancellor. Ed. Yug.
-
La terapia floral de Bach, Mechthild Schiffer. Ed. Urano.
-
Flores para la salud, José Antonio de Marco. Ed. Esotérica.
-
El nuevo manual de la curación por las flores de Bach. Gotz Blome.
-
Preguntas y respuestas sobre los remedios florales del Dr. Bach, John Ramsell. Ed. Edaf.
-
La medicina floral de Edward Bach, María Luisa Pastorino. Ed. Urano.
-
La terapia floral. Escritos seleccionados de Edward Bach. Ed. Club de estudio.
-
La enfermedad como camino, Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke. Ed. Plaza y Janés.
|