Una de las tareas que hemos encomendado a la Revista Mensual Nueva Acrópolis, aparte de la ya conocida de proporcionar información y formación sobre temas filosóficos y culturales, es la de servir de instrumento de difusión de los ideales que diariamente llaman al trabajo a tantos acropolitanos en el mundo. Queremos que, a través de la Revista esos ideales sean conocidos, comprendidos, compartidos. Muchos de los que nos leen tratan también de hacer vida esas ideas sagradas que nos inspiran. Y porque resulta siempre difícil definir lo más grande y trascendente, y porque a veces las ideas cobran una fuerza especial cuando se visten de palabras, hemos pedido a nuestro Fundador y Director General, el Prof. Jorge Angel Livraga Rizzi, que nos explique, una vez más, el cómo y el por qué de Acrópolis.
El Ideal Acrópolis no ha sido un invento, no ha sido algo creado por alguien. Es algo natural que ya estaba en el alma de mucha gente. Cuando los hombres sienten que simpatizan o se unen al Ideal Acropolitano, no es que "han entrado en Acrópolis", es que han despertado dentro de sí mismo, la Acrópolis. En todo hombre, en toda mujer, existe una Acrópolis interior, una necesidad de realización interior, un sueño...
El hombre es como un gigante, como un gran águila real que está sujeta en una pequeña jaula. Al abrir la jaula, ¿diríamos que le enseñamos a volar? Ciertamente no. Lo único que hacemos es liberarla de los barrotes, porque el águila nació para volar. Lo que la hace volar no es sólo el hecho de haber abierto la jaula, sino su vocación de cielo, su sueño ancestral de verticalización.
Nosotros, en Acrópolis, no solamente tratamos de leer en los libros, de estudiar o de comprender en ellos, fundamentalmente intentamos volver a las fuentes del conocimiento de la Naturaleza; queremos aprender de la Naturaleza, inspirarnos en los ciclos del sol que sale un día y otro y otro. Aprender de la inexorabilidad de las estrellas que marchan en medio de la noche, o del agua que corre entre las peñas. Aprender de las piedras la solidez y la estabilidad, en un mundo en que todo pasa, en que todo es perecedero, en que nadie se atreve a decir: "Yo soy", o "Yo quiero", o "Esto debe ser así".
En este mundo húmedo, en este mundo lleno de lianas, donde nada es preciso, donde nada es firme; en este mundo de papel donde todas las cosas se rompen, queremos hacer algo que sea firme, que sea sólido, que tenga fuego interior, que sea como una suerte de isla en medio del océano, una isla a la que puedan llegar todos los náufragos, que tenga un faro que guíe a buen puerto a todas las naves, una isla en la cual se rompan las olas de la Historia, con una espuma blanca capaz de dar un mensaje y un color.
Acrópolis reúne, pues, todas las cosas.
Es simplemente una actitud en el sentido filosófico clásico, es decir, no es un preguntarse sobre el ser o el existir, sino un enfoque nuevo a fuerza de ser tan viejo que abarca todas las cosas, todas las actitudes.
QUE PENSAMOS EN ACROPOLIS DE LA CIENCIA
La Ciencia es un descubrir las leyes que enlazan las causas con los efectos, un mayor conocimiento de la Naturaleza, del Universo y de nosotros mismos. Pero ¿cómo llegar a esa Ciencia sin entendernos primero a nosotros y al Universo?
El hombre está detenido entre dos infinitos. Pensemos de qué estamos hechos físicamente: de células que a su vez están hechas de moléculas, que a su vez están hechas de átomos, que a su vez están hechos de subpartículas... Y así entonces no parece haber un fin hacia lo pequeño, que es también un infinito. Y el hombre ¿dónde está? En la tierra, que es un planeta del sistema solar, y ese sistema solar es parte de una galaxia, y esa galaxia es un ínfimo componente de un universo, siendo el universo una faceta de Algo mucho mayor... Y entonces sentimos que hay otro infinito hacia arriba.
Si aun en lo formal estamos en medio de dos infinitos, en medio de una cruz formada por el gran infinito inferior y el gran infinito superior, ¿cómo no vamos a estarlo en lo espiritual, en lo psicológico, en lo científico?
Así, pues, la Ciencia no consiste solamente en saber, por ejemplo, cuál es la valencia del Carbono, o medir la distancia entre la Tierra y la Luna, o saber por qué corre la sangre en el cuerpo. Buscamos una Ciencia que además de conocer eso pueda también decirnos para qué corre la sangre en el cuerpo, qué significa la distancia entre la Tierra y la Luna, qué secreto mueve el Universo, qué secreto nos mueve a nosotros. Una Ciencia que no esté a disposición del más fuerte o del que más sabe, una Ciencia que no atemorice sino que sirva para ayudar y construir, una Ciencia que nos sepa proteger, una Ciencia blanca, una Ciencia sana.
LA FILOSOFIA
La buscamos allá en el fondo, en las raíces del tiempo. El tiempo es como la tierra: hay que cavar en ella. Cuando se cava en la tierra sólo superficialmente, se obtiene polvo deleznable; pero si cavamos profundamente llegamos a encontrar rocas sólidas. Cavando en la Historia podemos llegar a encontrar las rocas sólidas de la filosofía. Sobre esas rocas queremos asentar nuestros principios. No nos conformamos con los mil y un comentadores que hay de todos los grandes que han enseñado algo; queremos ir a las fuentes y comprender que hay cosas que sirven para hoy, para mañana y para siempre. Queremos llegar en la Filosofía a esas cosas que sirven para siempre, y esa actitud filosófica es "Amor al Conocimiento". Decimos primero Amor y luego Conocimiento, pues sin Amor no hay Conocimiento posible, sin Amor no hay posibilidad de emplear de manera recta el Conocimiento.
Pero Amor no es un estado de ánimo laxo o flojo, que nos hace permeables a todas las cosas. Amor no es una actitud contemplativa de derrota, sino una fuerza tremenda que une las cosas y las mantiene. Así como una ínfima piedra levantada del suelo, al soltarla nuestra mano se vuelve hacia su madre tierra que la atrae inexorablemente, así nosotros queremos tener esa voluntad de amor que la piedra tiene hacia la tierra madre. El amor de la piedra es incansable, porque no es un amor del instinto que se satisface, sino que escapa al tiempo, que dura más allá de los años y de los siglos, un amor que se ríe en el rostro de los milenios.
QUE ENTENDEMOS POR RELIGION
Más que los nombres de las religiones, nos importa el "re-ligare", es decir, la reunión y el acto místico, la verticalidad del hombre. El hombre es hombre cuando reconoce que tiene un espíritu, mejor dicho en cuanto el espíritu reconoce que tiene un cuerpo, porque tan materializados estamos que nos sentimos espirituales al decir "yo tengo un alma". ¿Dónde ponemos la conciencia al decir eso? En el cuerpo. Más bien tendríamos que decir "yo tengo un cuerpo", y entonces tendríamos la conciencia puesta en el alma.
Una verdadera mística no se hace solamente con oraciones, con poner una rodilla en tierra. Una verdadera mística es una especial actitud interior que hace crujir nuestra personalidad como el fuego hace crujir los leños. Como el fuego está escondido en los leños y surge de entre ellos, así la verdadera mística surge a través de nosotros, elevándonos, encumbrándonos, mejorándonos, ennobleciéndonos. Porque si todas estas cosas no se dan, entonces no hay religión.
Necesitamos reafirmar en el hombre los principios religiosos. Precisamente lo que diferencia al hombre del animal no es el que piense, no es ni siquiera que tenga características de bondad, porque a veces son más buenos los perros que los hombres. Lo que diferencia al hombre del animal es la intuición del Enigma que llamamos Dios. El hombre más primitivo, más cavernario, pone una piedra sobre otra y siente que hay un misterio cósmico que él está representando así. Y esto no lo hace ningún animal.
Más que luchar por las etiquetas o por las apariencias, hay que luchar por el renacimiento interior del hombre. Un hombre sin mística no vive, un hombre sin mística se seca. La mística es la fuerza de todas las cosas.
¿Y EL ARTE?
Arte es la plasmación de la Belleza; es la conjugación armónica de diferentes partes. No lo podemos racionalizar: el Arte es intuitivo. Pero el Arte debe tener una característica, en este mundo nuevo para el hombre nuevo que propiciamos: el Arte no solamente debe ser una expresión del hombre en un estado determinado de conciencia, sino que debe ser su captación de un misterio cósmico y de un misterio humano. Arrojar cuatro manchas, o poner cuatro líneas de cualquier manera, para que quien las vea imagine lo que quiera, eso no es Arte; eso es jugar. El verdadero Arte tiene que tener un mensaje, una mística, tiene que poder comunicarse sin explicaciones, más allá de todas las palabras. Lo que requiere demasiadas explicaciones, es a lo sumo artesanía... Cuando es verdadero, el Arte no precisa explicaciones porque llega a todos, a cada cual en su medida.
IGUALDAD
Desde un aspecto algo más político, cometemos el error de querer igualar a los hombres. Pero, ¿qué es igualdad? Nadie podría nombrar dos cosas absolutamente iguales. La igualdad es un mito. Todas las cosas se diferencian en algo. Pero los más pequeños, inventaron un mito para hacerse iguales a los grandes. Y empezaron a gritar: "Todos tenemos la misma altura"; pero con gritarlo no dejaron de ser pequeños. Y en un mundo en el que se rinde culto a los pequeños, y donde se decapitan los gigantes, donde se inclina a los hombres altos porque molestan, donde es vergüenza ser virtuoso, acostados en el suelo todos somos iguales.
Pero pongámonos de pie. Entonces ya no valdrá el ancho del estómago. Lo que valdrá será la verticalidad y la altura de la cabeza. Esta es una propuesta, una propuesta muy vieja, por otra parte. Los hombres de todas partes están cansados de desconcierto, de violencia, de un culto a algo que no existe. Han reemplazado a Dios con palabras; han reemplazado a la virtud con el error; han reemplazado los valores espirituales profundos con la simple agresión; han reemplazado el poder estar frente a la vida, con protestas inútiles. ¿Y quiénes protestan? La protesta es propia de los esclavos; la acción es propia de los hombres libres. Los que tienen manos y corazón no necesitan protestar; hacen. Y lo fundamental es hacer Historia. Debemos entender que, como hombres, tenemos un pasado, y que debemos hacer penetrar hondamente las raíces de nuestra cultura en el pasado para afincarnos sólidamente, para sostenernos ante los vientos. Tal como un árbol, cuanto más profundas son sus raíces, más grueso podrá elevarse su tronco; y aun si viniese la noche, nuestros árboles estarían tan altos que podrían ver las estrellas.
No solamente necesitamos ese sentido de verticalidad hacia arriba y hacia abajo, sino también, necesitamos tener fortaleza en nuestras convicciones.
Hoy estas palabras pueden sonar extrañas: han convencido a la humanidad de que es una mancha de aceite; de que la única forma de crecer es hacia los lados, pero jamás en profundidad...
Nosotros decimos que el hombre no es una mancha de aceite; afirmamos que el hombre es una llama de fuego y que ha nacido para elevarse, para llegar arriba y dar luz; para perderse en el espacio infinito, no sin antes haber alumbrado la tierra y haber quemado la madera que le sostiene.
El hombre debe tener fuerza interior, debe tener sentido de juventud. Por eso decimos en Nueva Acrópolis que la juventud no es un problema de cabello blanco o negro. La juventud está en el corazón y nosotros tenemos un corazón joven, y tenemos el valor de decir lo que sentimos y de hacer lo que la necesidad histórica nos impone. Somos jóvenes, y ese grito de juventud correrá de hombre a hombre.
¿Que son muchos los materialistas, muchos los fariseos, muchos los descreídos? Sin embargo, cuando se acerca una cerilla a un montón de madera, porque el montón sea grande, ¿arde menos o arde más fuego? Basta con que arda uno para que ardan todos. Basta con despertar en pequeños grupos la ansiedad mística, la seguridad en sí mismo, para que todo ese montón de madera que nos rodea empiece a arder, a dar luz, a dar fuego. El número no está a favor del materialismo; el número está en su contra. A más madera, más fuego, más incendio.
Por eso, que nadie se sienta solo, que nadie se sienta pobre, porque nadie es pobre ni está solo llevando consigo a Dios.
Jorge Ángel Livraga
NUEVO VIDEO
Este es el temario del Curso de Filosofía de Oriente y Occidente de Nueva Acrópolis. Conocelo e inscribite