Se cuenta que una vez una gran compañía de zapatos decide mandar a uno de sus vendedores a entablar negocios al continente africano.
El vendedor partió al continente negro con la esperanza de poder colocar los modelos exclusivos en una de las más pujantes ciudades costeras. Su fe comenzó rápidamente a esfumarse al constatar que en esa ciudad nadie iba con calzado, sino que fieles a su pasado, las personas andaban descalzas y sin demasiada necesidad de zapatos.
Si bien recorrió muchas ciudades y pueblos, en todos lados se topaba con la misma realidad ¡la gente iba descalza!.
Luego de varios meses de recorrida, exhausto y derrotado regresa a la compañía maldiciendo al infeliz que tuvo la tonta idea de mandarlo a tan descabellada e imposible aventura. Frente al consejo directivo narró sus desventuras, la realidad de pueblos y aldeas en que todos andaban sin calzado y que por tanto la compañía debía olvidarse para siempre de poder hacer negocios en aquellas ciudades.
El proyecto estaba a punto de archivarse cuando de pronto un joven y entusiasta vendedor que hacía poco tiempo estaba en la empresa preguntó:
-¿En realidad todo el mundo anda descalzo?
-Todos sin excepción- contestó tajante el abatido profesional.
Con el rostro iluminado como si una gran idea se hubiese cruzado por su mente planteó lo siguiente
-Me ofrezco como voluntario para intentarlo.
Al los diez días de llegado al África, el joven llama desbordante de emoción solicitando que lo antes posible se despachen hacia ahí 10 contenedores completos de zapatos y accesorios.
Nadie lo podía creer y mucho menos el primer vendedor que poniéndose al teléfono le preguntó:
-¿Pero como lo has logrado?... es imposible… no se puede…-
¡Justamente, como nadie tenía calzado el mercado está totalmente virgen y luego que le regalé algunos zapatos a los personajes más destacados del pueblo, ahora todos quieren tener los suyos y es una locura de ventas! |