Seguro todos aquellos que han practicado o practicamos Artes Marciales, en algún momento nos hemos preguntado ¿Por qué ‘Arte’? Y luego de haberle dado muchas vueltas al asunto posiblemente llegamos a una media respuesta relacionada con la parte de los movimientos de las formas katas, tules o el nombre que lleven los ejercicios ideales y específicos a cada estilo.
Nadie puede negar la veracidad de esta respuesta, pero lamentablemente no es la respuesta completa. Tenemos que aclarar el concepto de ‘Arte’, y aplicarlo a lo ‘Marcial’. “Arte es la plasmación de la Belleza; es la conjugación armónica de diferentes partes. El verdadero Arte tiene que tener un mensaje, una mística, tiene que poder comunicarse sin explicaciones, más allá de todas las palabras.” Ya empezamos a vislumbrar una respuesta más completa. Como ya hemos visto en artículos anteriores, las Artes Marciales filosóficas conllevan un camino, el DO, y lo que es más, es un camino ascendente de mejoramiento del Hombre en pos de su perfeccionamiento como tal. Un Kata de Karate, un Tul de Taekwon-do, una forma de Iai-do, son una serie de movimientos encadenados y que buscan la plasmación ideal de las técnicas del ‘Arte’ al que pertenecen. Pero no son solo eso, son un elemento para el desarrollo y el perfeccionamiento de la concentración, el balance (tanto interno, como externo), y de ese elemento tan escurridizo llamado ‘estética’.
Es evidente, inclusive para quien nunca ha practicado ningún Arte Marcial cuando una forma está bien hecha o mal hecha, más allá de los elementos puramente técnicos, porque no es armónico, no es estético, no refleja más nada que movimientos encadenados que se hacen sin un fin claro. Y así también lo opuesto es igual de evidente, cuando una forma es realizada en forma estética, elegante, marcial, el observador percibirá cuanto camino interno el practicante ha recorrido y que le ha llevado a ese punto donde es capaz de transformar la práctica marcial en un verdadero Arte.
Cuando el ‘Camino’ no se refleja en el ‘Arte”, y el ‘Arte’ no es parte del ‘Camino’, entonces no son ni lo uno ni lo otro. Ambos son partes constitutivas, fundamentales e indisociables de las Artes Marciales Filosóficas, que ya hemos visto, son aquellas que aún mantienen la esencia original de las mismas. Si tenemos un ‘Arte’ y un ‘Do’, capaz comenzaremos a entender este mensaje que tan difícil de expresar en palabras es, pero que brilla e ilumina el rostro de un practicante que los vive así diariamente, no solo en su dojo, si no en toda su vida. Porque así son las Artes Marciales Filosóficas, se reflejan en un crecimiento humano, ético, moral, y no solo en algo puramente técnico y físico.
Andrés da Silveira |